jueves, 19 de octubre de 2017

prueba artis Melendres

GENEROSIDAD
El tesoro de rufo
Rufo era el perro más curioso del pueblo. Si había un hueco, ahí iba a meter el hocico. Si a alguien se le caía algo del bolsillo, era el primero en ir a olisquear y, si se encontraba una ventana abierta, siempre hacía lo posible por colarse por ella. Esa última afición fue precisamente la que le llevó a vivir esta extraordinaria aventura.

Un día, ya al atardecer, Rufo estaba entretenido mordisqueando un hueso. Se lo había dado el carnicero, que era muy generoso y siempre guardaba las sobras para él. Como Rufo no tenía dueño, lo agradecía mucho porque había días en los que era muy complicado encontrar algo que comer. Mientras se entretenía con el hueso, llegó hasta su nariz un aroma delicioso. Al momento, levantó el hocico y trató de descubrir de qué se trataba. Como no pudo, decidió ir a investigar. Antes, escondió bien su hueso en una esquina del parque, justo en la zona de los álamos que decoraban el paseo principal. 
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