Caperucita azul
Había una vez una dulce niña que quería mucho a su padre y a su abuelo. Les ayudaba en todo lo que podía y como era tan buena el día de su cumpleaños su abuelo le regaló una caperuza azul. Como le gustaba tanto e iba con ella a todas partes, pronto todos empezaron a llamarla Caperucita azul.
Un día el abuelo de Caperucita, que vivía en el bosque, enfermó y el padre de Caperucita le pidió que le llevara una cesta con comidaCaperucita aceptó encantada.
- Ten mucho cuidado Caperucita, y no te entretengas en el bosque.
- ¡Sí papá!
La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando el leon la vio y se acercó a ella.
- ¿Dónde vas Caperucita?
- A casa de mi abuelito a llevarle esta cesta con comida
- Yo también quería ir a verlo…. así que, ¿por qué no hacemos una carrera? Tú ve por ese camino de aquí que yo iré por este otro.
- ¡Vale!
Un día el abuelo de Caperucita, que vivía en el bosque, enfermó y el padre de Caperucita le pidió que le llevara una cesta con comidaCaperucita aceptó encantada.
- Ten mucho cuidado Caperucita, y no te entretengas en el bosque.
- ¡Sí papá!
La niña caminaba tranquilamente por el bosque cuando el leon la vio y se acercó a ella.
- ¿Dónde vas Caperucita?
- A casa de mi abuelito a llevarle esta cesta con comida
- Yo también quería ir a verlo…. así que, ¿por qué no hacemos una carrera? Tú ve por ese camino de aquí que yo iré por este otro.
- ¡Vale!
Cap 2
- ¿Quién es?, contestó el abuelito
- Soy yo, Caperucita - dijo el leon
- Que bien hija mía. Pasa, pasa
El lobo entró, se abalanzó sobre la abuelito y se lo comió de un bocado.
La pequeña se entretuvo en el bosque cogiendo avellanas y flores y por eso tardó en llegar un poco más. Al llegar llamó a la puerta.
- ¿Quién es?, contestó el leon tratando de afinar su voz
- Soy yo, Caperucita. Te traigo comida
- Qué bien hija mía. Pasa, pasa
Cuando Caperucita entró encontró diferente a la abuelita, aunque no supo bien porqué.
- ¡Abuelito, qué ojos más grandes tienes!
- Sí, son para verte mejor hija mía
- ¡Abuelito, qué orejas tan grandes tienes!
- Claro, son para oírte mejor…
- Pero abuelito, ¡qué dientes más grandes tienes!
- ¡¡Son para comerte mejor!!
En ese momento la cazadora que lo había visto entrar en la casa de del abuelito comenzó a preocuparse. Había pasado mucho rato y tratándose de un leon…¡Dios sabía que podía haber pasado! De modo que entró dentro de la casa. Cuando llegó allí y vio al leon con la panza hinchada se imaginó lo ocurrido, así que cogió su cuchillo y abrió la tripa del animal para sacar a Caperucita y su abuelito.
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